lunes, 26 de noviembre de 2012

Hay que escuchar al Área Social

Foto tomada de http://us.123rf.com

- Empezamos la obra en esa zona.
- Pero es una zona que rechaza el proyecto...
- ¡No importa!, hay que hacer obra.

Todos los grandes proyectos de construcción, de agua y saneamiento, de electricidad, entre otros rubros, tienen un sentido común: mejorar la calidad de vida de una población determinada. De hecho, todos los esfuerzos que hace el ser humano en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, se realizan con ese fin.

Pero ¿qué ocurre cuando estas actividades se realizan sin considerar los derechos ni los aspectos sociales culturales de los pobladores y ciudadanos habitantes de las zonas de influencia? ¿es justo atender a un ciudadano con un proyecto que afectará a otro?

Para eso existen los equipos sociales en los proyectos. Estos profesionales están especializados en la evaluación y en el diagnóstico de zonas de trabajo mediante técnicas de investigación científico social.

Los sondeos, las salidas a campo, las entrevistas en profundidad con dirigentes y representantes, la investigación sobre la educación, salud, cultura y modos de vida de las personas que habitan las zonas de los proyectos sirven para llegar a conclusiones que permitan la ejecución de la obra respetando las condiciones de estas poblaciones, pero con el respeto y consideraciones requeridas.

No obstante esta necesidad, las áreas sociales de las empresas ejecutoras de proyectos aún no tienen el peso necesario.

Es común escuchar historias en las que las áreas técnicas ignoran las sugerencias y propuestas de las áreas sociales, haciéndolas a un lado o llamándolas sólo cuando un conflicto se avecina, cual bomberos.

Prepararse únicamente para la reacción debilita el accionar de la empresa, mostrándola ineficiente e irresponsable, dañando su imagen pública, la confianza adquirida con sus grupos de interés, entre otras consecuencias.

Los proyectos y las grandes obras se desarrollan en entornos sociales y ambientales. Respetar las costumbres y mitigar todo impacto debe ser una obligación. El centrarse sólo a terminar el trabajo, a "avanzar la obra" sin tomar en cuenta a la población y la valiosa información que al respecto poseen las áreas  de intervención social, trae a la larga graves consecuencias muy difíciles de remediar.

Por ejemplo, suponiendo que se va a ejecutar una obra de cambiado de redes eléctricas en un poblado que celebra cada año una gran fiesta por Santa Rosa de Lima, empezar la obra cerca a fines de agosto, cerca a la fecha de esta festividad, es una pésima idea. Esta información no se encuentra en ningún plano ni en ninguna especificación técnica o ISO, es un componente social-cultural-religioso, que se descubre sólo por el reconocimiento de la zona. Empezar trabajos bajo esas condiciones traería malestar a la población, desconfianza, y el rechazo no sólo a este sino a futuros proyectos.

Respetar el ambiente y los derechos de los actores alrededor de la obra crea un ambiente de cordialidad en el entorno, da renombre a la empresa, pone una vaya más alta en las metodologías de ejecución de los proyectos y ayudará a generar referentes al respecto. 

El personal de ingeniería técnica, administrativo y obrero de todo proyecto debe recordar siempre que los proyectos apuntan al desarrollo, pero eso no debe ser justificación para atropellar derechos o costumbres. Al contrario, debe ser un motivo para demostrar que el camino al desarrollo se puede realizar respetando los derechos de los que están alrededor. La consideración de estos temas, en los que las áreas sociales son expertas, legitimarán el actuar de la empresa ejecutora, evitando conflictos y creando un entorno de buena vecindad.