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| Imagen: Internet |
Un jefe látigo en mano no hace más que ganarse enemigos dentro de la organización. Una cosa es ser exigente y otra maltratador. Si desea ser sumamente exigente, el líder debe celebrar los resultados que se obtegan y transmitirlos a sus colaboradores.
¿Cómo querer cambiar la forma en que se hacen las cosas si el líder sigue con sus mismas actitudes y prácticas? La mejor lección es el ejemplo, así que si un jefe quiere motivar el cambio, debe empezar por sí mismo.

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