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| Abrazo Bachelet - García. Rossell. Otorogno # 210. |
En su presentación ante el Congreso por el fallo de La Haya,
el presidente Humala ha dicho que “la única agenda con Chile es la
Integración”.
El proceso de integración entre las partes en una situación
post conflicto es sumamente complejo. Un arbitraje internacional genera un
ganador y un perdedor, con las frustraciones de uno y los triunfalismos del
otro. Cuando las partes son amigas y han llevado maduramente el proceso, la
integración es mucho más fácil de implementar. Pero considerando nuestras relaciones
con el vecino del sur, un camino de integración se convierte en un reto.
Aceptar los hechos y
respetar las diferencias
Socialmente, Chile siempre aparece a la defensiva: marca su
distancia, no se deja ayudar y muestra actitudes déspotas con sus pares
alrededor (no sólo con el Perú). No olvidemos cuando, en forma, el gobierno
chileno rechazó la ayuda internacional en el terremoto del 2010 al inicio de su
crisis, y la aceptó sólo hasta después de evaluar los daños. Son comunes también
las historias de migrantes de otros países que son discriminados, incluso hasta
la prensa les construye una imagen negativa.
Perú, por el contrario, es reconocido como un país hospitalario.
Cualquier extranjero que llegue al país será bien recibido. A veces hasta se da
un mejor trato a los venidos de fuera que entre nosotros mismos por razones
culturales y de identidad poco cultivada. El hecho es que, desde nuestra
percepción, es más probable que un chileno sea mejor tratado en el Perú que un
peruano que vaya a Chile.
Estas posiciones antagónicas hacen de por sí complicada una integración
a corto plazo, especialmente de parte de Chile.
El ganador y el perdedor
Tras el fallo, para el Perú, ha sido fácil manejar el resultado
como ganador. No deben sorprender los comentarios que demuestren un orgullo
que, más que por el resultado del proceso arbitral, se da por el hecho de haberle
ganado en algo a Chile. Esta rivalidad convive con nosotros luego de 130 años, en
la Guerra del Pacífico. Aún no hemos cerrado esa brecha, y esta no se cierra
con una sentencia internacional.
Creo que es suficiente aceptar el resultado, comunicarlo y
asimilarlo, pero no celebrarlo tan extensamente. Pongámonos del otro lado (que
ha perdido un territorio) y reflexionemos: ¿puedo integrarme a alguien si le saco
en cara perennemente que yo le gané un juicio?
Quizás suene aguafiestas, pero más ganaremos a Chile aliándonos
social y económicamente que con un espacio geográfico. Reconozcamos que el
espacio es nuestro, pero que también nos importa el cómo nos llevemos con
nuestros vecinos. La integración, al ser un proceso social, requiere de la
participación de la población. El mar, chileno o peruano, seguirá allí. Los
pueblos, en cambio, reproducen sus actitudes y comportamientos. Con un vecino es
mejor enseñar una actitud respetuosa, que una provocadora.
Lo cortés no quita lo
valiente
Otro hecho común en nuestras discordias (y que mellan la
integración) son por ejemplo nuestras perennes manifestaciones de que una cosa peruana
es mejor que una chilena. Caso típico: la comida. Creamos que es verdad o
falso, genera ego de un lado y desprecio del otro. Eso no integra.
Evidentemente, de parte de Chile, el hecho de usar nombres
culturales del Perú en sus productos no es noble. Pero más que rechazar estos
hechos, debemos sobrellevarlos protegiéndonos legalmente y dando a conocer las
cosas sin ánimo de división, sino de aclarar temas.
Poner objetivos en
común
Sería interesantísimo que Perú y Chile se plantearan una
ruta intergubernamental hacia la integración social, firme y real. Por ejemplo:
becas a estudiantes, contenidos educativos respetuosos de denominaciones y
límites, intercambios de profesionales, menores impuestos turísticos a visitantes
del otro país, proyectos binacionales, de investigación, etc.
Un proceso serio de integración requiere de voluntad
política y acción práctica, cuyos efectos se ven con el tiempo, como toda conducta.
Ojalá que el final del capítulo fronterizo sea el inicio del capítulo de la reconciliación
en nuestra historia.

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