sábado, 1 de febrero de 2014

El Triángulo de la Integración

Abrazo Bachelet - García. Rossell. Otorogno # 210.
En su presentación ante el Congreso por el fallo de La Haya, el presidente Humala ha dicho que “la única agenda con Chile es la Integración”.

El proceso de integración entre las partes en una situación post conflicto es sumamente complejo. Un arbitraje internacional genera un ganador y un perdedor, con las frustraciones de uno y los triunfalismos del otro. Cuando las partes son amigas y han llevado maduramente el proceso, la integración es mucho más fácil de implementar. Pero considerando nuestras relaciones con el vecino del sur, un camino de integración se convierte en un reto.  


Aceptar los hechos y respetar las diferencias

Socialmente, Chile siempre aparece a la defensiva: marca su distancia, no se deja ayudar y muestra actitudes déspotas con sus pares alrededor (no sólo con el Perú). No olvidemos cuando, en forma, el gobierno chileno rechazó la ayuda internacional en el terremoto del 2010 al inicio de su crisis, y la aceptó sólo hasta después de evaluar los daños. Son comunes también las historias de migrantes de otros países que son discriminados, incluso hasta la prensa les construye una imagen negativa.

Perú, por el contrario, es reconocido como un país hospitalario. Cualquier extranjero que llegue al país será bien recibido. A veces hasta se da un mejor trato a los venidos de fuera que entre nosotros mismos por razones culturales y de identidad poco cultivada. El hecho es que, desde nuestra percepción, es más probable que un chileno sea mejor tratado en el Perú que un peruano que vaya a Chile.

Estas posiciones antagónicas hacen de por sí complicada una integración a corto plazo, especialmente de parte de Chile.

El ganador y el perdedor

Tras el fallo, para el Perú, ha sido fácil manejar el resultado como ganador. No deben sorprender los comentarios que demuestren un orgullo que, más que por el resultado del proceso arbitral, se da por el hecho de haberle ganado en algo a Chile. Esta rivalidad convive con nosotros luego de 130 años, en la Guerra del Pacífico. Aún no hemos cerrado esa brecha, y esta no se cierra con una sentencia internacional.

Creo que es suficiente aceptar el resultado, comunicarlo y asimilarlo, pero no celebrarlo tan extensamente. Pongámonos del otro lado (que ha perdido un territorio) y reflexionemos: ¿puedo integrarme a alguien si le saco en cara perennemente que yo le gané un juicio?

Quizás suene aguafiestas, pero más ganaremos a Chile aliándonos social y económicamente que con un espacio geográfico. Reconozcamos que el espacio es nuestro, pero que también nos importa el cómo nos llevemos con nuestros vecinos. La integración, al ser un proceso social, requiere de la participación de la población. El mar, chileno o peruano, seguirá allí. Los pueblos, en cambio, reproducen sus actitudes y comportamientos. Con un vecino es mejor enseñar una actitud respetuosa, que una provocadora.

Lo cortés no quita lo valiente

Otro hecho común en nuestras discordias (y que mellan la integración) son por ejemplo nuestras perennes manifestaciones de que una cosa peruana es mejor que una chilena. Caso típico: la comida. Creamos que es verdad o falso, genera ego de un lado y desprecio del otro. Eso no integra.

Evidentemente, de parte de Chile, el hecho de usar nombres culturales del Perú en sus productos no es noble. Pero más que rechazar estos hechos, debemos sobrellevarlos protegiéndonos legalmente y dando a conocer las cosas sin ánimo de división, sino de aclarar temas.

Poner objetivos en común

Sería interesantísimo que Perú y Chile se plantearan una ruta intergubernamental hacia la integración social, firme y real. Por ejemplo: becas a estudiantes, contenidos educativos respetuosos de denominaciones y límites, intercambios de profesionales, menores impuestos turísticos a visitantes del otro país, proyectos binacionales, de investigación, etc.


Un proceso serio de integración requiere de voluntad política y acción práctica, cuyos efectos se ven con el tiempo, como toda conducta. Ojalá que el final del capítulo fronterizo sea el inicio del capítulo de la reconciliación en nuestra historia.

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