domingo, 25 de septiembre de 2016

Tu Alegría es mi Progreso


"Tu envidia es mi progreso" es la representación más triste de la filosofía callejera del limeño, porque implica dolor, burla y diferencia.

¿A quién le gusta envidiar? Nadie se afana de desear lo ajeno hasta el punto de odiar por lo que no tiene o no ha conseguido todavía. Y vivir con dolor no es ni productivo ni sano. Pero es muy curioso cómo ha calado esta expresión al punto de verla en camiones, combis, buses o hasta en etiquetas adhesivas como manifestación y hasta quizás forma de vida. (¿será una expresión del machismo de los homo-choferes? esa es otra reflexión).

La famosa frase podría entenderse de dos maneras a mi modo de ver: una burlona y otra seudo aleccionadora.

En el sentido burlón: tú me envidias ahora porque yo he crecido. Busco ridiculizarte porque tú no tienes lo que yo he logrado. Es sacarle la lengua al otro por lo obtenido, y por eso tú envidias.

En una forma seudo aleccionadora: mi fuente es tu envidia, y con ella, yo crezco. Es como que la envidia del otro fuera el capital y el progreso lo que logro con sus intereses. Por eso digo que es seudo aleccionadora: por lo menos alerta al otro a decir "date cuenta de que mientras más me envidies yo voy a crecer más y eso no te sirve para nada, haz cualquier otra cosa menos ello",

Sea cuel fuere la elección del significado preferido, no hay razón para el crecimiento con ninguna de estas dos miradas, no para el crecimiento en común por lo menos.

A lo mejor muchos hemos aprendido a envidiar por réplica: "Mira como el otro crece", y en vez de celebrar la oportunidad o tomarla como un motivador, observamos con desdén y buscamos explicaciones para justificar el avance ("seguro tiene un familiar", "se acuesta con su jefe", "tiene un padrino"). No digo que no ocurra, pero no hay necesidad de pensar de esa forma.

¿A qué lleva un razonamiento así?  Primero, a la frustración. Progresos hay millones a nuestro alrededor, y si sumamos envidia tras envidia tras envidia, la amargura no será probablemente siquiera el fin, sino el camino, nuestro modus vivendi, envidiar día a día, auto condenarnos al dolor.

Otra consecuencia sería una gran división: entre los que progresan y los que envidian. Los que tienen más oportunidades cerca son los que progresan. Los que no, envidiosos. Con las miles de diferencias que tenemos como sociedad aquí agregamos una más, quizás la raíz de todas al punto que se publicita en los medios de transporte y gratis. Nos convertimos en un país o de envidiosos o de aquellos que progresan y que se lo encaran a los demás.

Pensar que "cuando uno progresa, entonces, el otro envidia", es como poner en una fórmula matemática "envidia igual progreso" o "progreso, entonces, envidia". Y aunque parezca progreso para uno, pensar de esa forma es fracaso para todos. Ninguna sociedad avanza si se generan espacios para la diferencia, se replican comportamientos negativos a partir del avance los demás en vez de celebrarlos o menos aún por encarar con egoísmo un avance frente a otros que quizás no tengan esas oportunidades (no porque no las busquen sino porque no tienen siquiera acceso a ellas).

El progreso del otro debe ser celebrado y tomarse como motivador. como un "si él/ella pudo, con esfuerzo, yo también podré". Eso fomentará un clima para el progreso y no "contra" el progreso. El progreso se debe celebrar, se debe compartir, y hasta se debe transmitir el "cómo se hizo" para dar oportunidades a que más progresen, o sea, enseñar a progresar.

En organizaciones es común que se celebre el progreso, el avance. Ahora bien, que se celebre no implica que los demás compañeros perciban esa celebración como suya porque puede generar, justamente lo que decíamos al principio: envidia. En todo caso, hay que promover el hecho de que el progreso de uno es el de todos, y que si uno ha obtenido un logro, la próxima puede ser cualquiera, Se debe buscar una cultura que celebre el progreso, pero que también lo fomente.

Quizás sea bueno cambiar el foco y decir ya no "envidia", sino "alegría". Suena mejor y hasta es inspirador: "Tu alegría es mi progreso", es decir, que se entienda que "el motivo de mi progreso es tu alegría" o "el motivo de mi alegría es tu progreso".