domingo, 14 de julio de 2013

La Repartija y sus consecuencias

"Violín en el Café" - Picasso 1913
Imagen tomada de Internet
Como parte de sus funciones, el próximo 17 de julio el Congreso deberá escoger a 6 de 7 magistrados para el Tribunal Constitucional (TC) y al Defensor(a) del Pueblo. Esta es parte de su labor, sin embargo, las bancadas partidarias en vez de debatir, están jugando con una elección para su propio favor.

La "repartija" que se viene tramando propone que una bancada escoja al Defensor y las demás a los miembros del Tribunal Constitucional. Es decir, no habrá mayor discusión para la determinación de los encargados de estas  instituciones que velan tanto por el buen desempeño de las instituciones (en el caso de la Defensoría del Pueblo ) y la interpretación de la carta magna (que es lo que hace el TC), entre otras funciones.

Estos arreglos pervierten la naturaleza del Congreso, deforman la Democracia y afectan la eficiencia de la labor de estas entidades.

La Defensoría ha venido realizando un trabajo intachable. Una de sus acciones públicas más recientes fue la de declarar inconstitucional el sorteo par el Servicio Militar Obligatorio. A ello hay que sumarle la serie de Informes Defensoriales, investigaciones que brindan importantes aportes en diferentes temáticas, entre otras funciones notables.

En el caso del Tribunal Constitucional, este ejerce justicia ante casos de jubilados, trabajadores despedidos y otros muchos casos. Los más conocidos y esperados son los bonos de la reforma agraria, y ahora un habeas corpus presentado por el ex alcalde Luis Castañeda para ser separado del caso Comunicore. Recordemos, de otra parte, que el TC rechazó la liberación de Antauro Humala por el Andahuaylazo meses atrás.

La elección a dedo de las cabezas de estas instituciones limitará su labor por la influencia que ejercerán los políticos promotores de su ingreso.

Este tipo de criolladas congresales aumentan la desconfianza en las instituciones públicas y sabotean el desarrollo de la Democracia. Probablemente los legisladores disfrutarán de los beneficios de su oscura, injusta, interesada y torpe decisión a corto plazo, pero a la larga, serán notorias las consecuencias de su tremendo engaño.

Una representación nacional que no hace su trabajo, no debate y además se reparte cargos en instituciones claves para el país, no hace más que aumentar la desconfianza de la sociedad, la cual tendrá otro motivo más para cuestionar el sistema democrático, disminuir su participación y perder más el respeto hacia sus autoridades.

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